El cocinero y neurólogo Miguel Sánchez Romera afirma que cocinar puede ser un test para valorar las capacidades cognitivas de una persona mayor "porque se trata de un acto complejo que requiere memoria visual, orden, control del espacio, y un registro de memoria de olfato y gusto".
El acto de cocinar -remarca este neurólogo, que hasta hace unos meses era jefe del servicio de neurología del hospital de Granollers- es complejo e implica al cerebro en toda su dimensión, porque cocinar "significa poner en marcha muchas áreas del cerebro". Matiza que aunque todo es aparentemente muy simple, desde el punto vista cerebral la cocina lo integra todo, y compara la actividad cerebral con la que se pone en marcha para elaborar una receta.
Diversos estudios ya han demostrado que el deterioro intelectual está relacionado con la educación sistematizada y el nivel cultural y que, por ejemplo, a una enferma de Alzheimer que ha sido bibliotecaria le cuesta más perder la capacidad cognitiva que a otra que no lo ha sido.
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