Agua y clima, unidos por naturaleza

Las continuas emisiones de gases de efecto invernadero y su actual concentración, junto con el aprovechamiento ineficaz de los recursos naturales, son las principales causas de uno de los problemas ambientales más conocidos por todos, el cambio climático. Entre sus múltiples consecuencias, el cambio climático está aumentando la presión a la que actualmente ya está sometido uno de los recursos más preciados y fundamentales para la vida en nuestro planeta: el agua. Su disponibilidad y su calidad a largo plazo están mundialmente comprometidas.

¿Sabías que en 2017 la temperatura media mundial se incrementó 0,9 ºC respecto al promedio de 1951-1980? El deshielo de los polos, que actúan como “el aire acondicionado del planeta” regulando su temperatura, ha ocasionado que los océanos se hayan calentado y que haya aumentado el nivel del mar (19 cm en el último siglo, y se prevé una elevación media de entre 24 y 30 cm para 2065). En los próximos años, el cambio climático repercutirá aún más negativamente en los recursos hídricos, ya que se producirá un cambio en el patrón de las precipitaciones, el deshielo de los glaciares aumentará y cambiará el curso de los ríos. Se prevé que en 2030 aumenten la escasez y el estrés hídrico en casi la mitad de las cuencas hidrográficas de la Unión Europea.

Y por si esto fuera poco, actualmente el 90 % de las catástrofes naturales están relacionados con el agua (huracanes, tsunamis, inundaciones, sequías, etc.).

¿Qué se está haciendo para evitarlo? En diciembre de 2015, en la conferencia de la ONU sobre cambio climático se adoptó el primer acuerdo vinculante de ámbito mundial, el Acuerdo de París. Este acuerdo marca el camino hacia una economía baja en emisiones de dióxido de carbono con el objetivo de que la temperatura no aumente más de 1,5-2 ºC en este siglo, contribuyendo, además, al logro del Objetivo de Desarrollo Sostenible 13 Acción por el clima. Pero el Acuerdo de París es solo un primer paso, pues los compromisos de reducción de emisiones fijados por países son insuficientes para limitar dicho aumento.

Estos acuerdos internacionales entre gobiernos constituyen un gran avance en la lucha contra el cambio climático, no obstante, todos los ciudadanos debemos formar parte de la solución, ya que nuestro estilo de vida puede influir positiva o negativamente en la lucha contra el cambio climático.

¿Sabías que el agua que consumimos recorre un largo camino desde que sale del embalse hasta que es devuelta a un río? Durante este trayecto, el agua tiene que ser potabilizada, transportada y depurada, procesos que requieren consumir energía, y que por tanto suponen emisiones de CO2.

Es decir, un mayor consumo de agua implica un mayor gasto energético y mayor emisión de CO2. Por lo tanto, realizar un consumo responsable contribuye a reducir ambos factores. Hay sencillos gestos con los que poder lograrlo. Por ejemplo:
• Instalar dispositivos de ahorro en grifos y duchas (el consumo de grifos y duchas supone cerca del 55 % del gasto total de agua de un hogar). Estos dispositivos pueden reducir el consumo hasta en un 50 %.
• Ducharse en lugar de bañarse reduce a más de la mitad los litros de agua caliente utilizada.
• Utilizar el lavavajillas (sobre todo, los programas rápidos) cuando esté lleno. El lavavajillas gasta 9 veces menos de agua que la cantidad media que se usa para fregar a mano.
• Poner la lavadora en el programa de agua fría y a carga completa.

Tan importante es la relación entre el agua y el clima, que en Canal Educa hemos diseñado específicamente una actividad online para Bachillerato: Agua y clima. Compártela con tus alumnos y rétales a superarla. Y si quieres complementar la actividad, despierta su creatividad con la última campaña de ahorro energético del IDAE.

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